La Real de Matarazzo remonta en Mendizorroza y se mete en semifinales

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El Alavés de Coudet tuvo el 3–1 en un penalti de Toni Martínez y lo acabó pagando.
Oyarzabal, Guedes y Oskarsson firmaron una reacción de equipo grande en un derbi copero eléctrico.

La Real Sociedad de Pellegrino Matarazzo se ganó un sitio en semifinales en uno de esos partidos que definen temporadas. En Mendizorroza, ante un Alavés de Eduardo Coudet que fue superior durante muchos minutos, el conjunto txuri‑urdin sobrevivió al aluvión inicial, se sostuvo gracias a Remiro y terminó remontando un 2–1 en un tramo final de enorme personalidad. El 2–3 es algo más que un marcador: es una declaración de intenciones.

Un Alavés intenso que golpeó primero y mejor

El plan de Coudet fue claro desde el inicio: presión alta, agresividad en los duelos y ataques rápidos. El Alavés salió enchufado, robando arriba y obligando a la Real a jugar incómoda, lejos de su zona de confort.

Rebbach abrió el marcador muy pronto, aprovechando una acción mal defendida por la Real. Mendizorroza se encendió y el Alavés olió sangre. El 2–0 llegó de penalti, transformado por Toni Martínez, y el partido parecía inclinarse definitivamente del lado babazorro.

La Real se agarra al partido con el carácter de Matarazzo

La Real, lejos de descomponerse, se sostuvo desde la calma. Matarazzo ajustó alturas, pidió un punto más de agresividad sin balón y trató de conectar a sus hombres de tres cuartos. Oyarzabal, como casi siempre, fue el primero en tirar del carro.

El 2–1, obra del propio Oyarzabal, fue un gol que valió mucho más que un simple tanto: devolvió a la Real al partido y sembró dudas en el Alavés. A partir de ahí, el derbi cambió de tono.

El penalti fallado de Toni Martínez, el giro emocional del partido

El momento clave llegó desde los once metros. Con 2–1 en el marcador, Toni Martínez tuvo en sus botas el 3–1. Mendizorroza contuvo la respiración. Pero Remiro adivinó la intención, detuvo el lanzamiento y encendió a la Real.

Ese penalti fallado fue un golpe anímico enorme. El Alavés pasó de rozar la sentencia a sentir el vértigo. La Real, en cambio, se vino arriba.

Guedes y Oskarsson firman la remontada de un equipo que ya juega como grande

Matarazzo movió el banquillo con precisión. La entrada de Guedes y Oskarsson dio frescura, profundidad y amenaza al ataque txuri‑urdin. El empate llegó con un disparo de Guedes, ajustado, de esos que silencian estadios. El 2–3, obra de Oskarsson, fue la estocada definitiva: un remate frío en un contexto caliente.

En pocos minutos, la Real pasó de estar contra las cuerdas a tener el partido en la mano. El Alavés, tocado, ya no tuvo la misma claridad para atacar.

Un final de resistencia y madurez para sellar la semifinal

Los últimos minutos fueron un ejercicio de oficio de la Real. Orden defensivo, faltas tácticas cuando tocaba, posesiones largas para enfriar el ambiente y un Remiro seguro en cada balón colgado.

Matarazzo, invicto desde su llegada, suma una semifinal más para un club que se ha acostumbrado a competir en la Copa con mentalidad de grande. La Real se marcha de Mendizorroza con algo más que una clasificación: se va con la sensación de haber superado una prueba de carácter.