El FC Barcelona sufrió más de lo previsto, pero acabó imponiendo su jerarquía ante un valiente Albacete que volvió a honrar su papel de matagigantes. El conjunto azulgrana venció 1-2 en el Carlos Belmonte y selló su pase a las semifinales de la Copa del Rey gracias a los goles de Lamine Yamal y Ronald Araújo, en un duelo vibrante que mantuvo la emoción hasta el último suspiro.
Un inicio eléctrico con sello de Lamine
El Barça salió decidido a imponer su ritmo y lo logró pronto. Lamine Yamal, que asumió galones desde el primer minuto, abrió el marcador con un zurdazo preciso en el minuto 38 tras una jugada individual que desbordó a toda la defensa manchega. El joven talento azulgrana no solo marcó: generó dos ocasiones clarísimas que pudieron ampliar la ventaja antes del descanso.
Pese al dominio culé, el Albacete no se arrugó. Con valentía y empuje, buscó el área de Joan García, aunque sin la puntería necesaria para igualar el choque antes del intermedio.
Araújo amplía… y el Albacete se rebela
La segunda parte comenzó con un Barça decidido a sentenciar. Tras una gran carrera de Rashford, este sirvió un pase de la muerte que Ronald Araújo transformó en el 0-2 en el minuto 55, un gol que dio aire y calma al equipo de Hansi Flick.
Pero el Albacete, fiel a su espíritu copero, no bajó los brazos. En el 86’, Javier Moreno Arrones recortó distancias con un cabezazo que encendió al Carlos Belmonte y puso el partido patas arriba. Los últimos minutos fueron un asedio manchego, empujados por la ilusión de volver a dar la sorpresa tras eliminar al Real Madrid en octavos.
Una salvada milagrosa y un gol anulado que heló la sangre
El Barça terminó pidiendo la hora. En el 92’, cuando el Carlos Belmonte ya rugía buscando el empate, Gerard Martín salvó al Barça en la línea de gol, despejando un remate que ya se cantaba como el 2-2. La jugada desató la incredulidad en la grada y el alivio en un Flick que no podía creer lo que estaba viendo.
Aún habría tiempo para un susto más: Ferran Torres marcó en el 94’, pero el tanto fue anulado por fuera de juego tras revisión. Lejos de tranquilizar, la acción dejó claro que el Barça no tenía el control del partido y que el Albacete seguía vivo hasta el último aliento.
El pitido final llegó como un suspiro de alivio para los azulgranas, que avanzan de ronda pero lo hacen dejando una sensación inquietante: el equipo sufre, concede demasiado y transmite una fragilidad impropia de un aspirante al título. La clasificación es un bálsamo, sí, pero también una advertencia. En semifinales, este nivel de presión y desconexión puede costar muy caro.

