La tarde en el Reale Arena dejó un partido de los que se recuerdan: lluvia, tensión, polémica y un héroe con nombre propio. La Real Sociedad venció 3‑1 al Celta de Vigo en un duelo vibrante que tuvo de todo, incluida una expulsión al filo del descanso que encendió el ambiente.
Un arranque eléctrico y un protagonista claro
Mikel Oyarzabal volvió a demostrar por qué es el alma ofensiva del conjunto txuri‑urdin. El capitán abrió el marcador en el minuto 17 con un disparo ajustado que dejó sin respuesta a Radu. El Celta, pese a dominar la posesión, no encontraba la forma de frenar las transiciones rápidas de la Real.
La jugada que cambió el partido: expulsión y VAR en el foco
Justo antes del descanso llegó la acción más polémica del encuentro: Duje Caleta‑Car vio la tarjeta roja tras una revisión del VAR que transformó una amarilla inicial en expulsión directa. La decisión encendió a la grada y obligó a la Real a afrontar toda la segunda parte con un jugador menos.
El Celta empata… y la Real resurge
Con superioridad numérica, el Celta encontró el empate gracias a Borja Iglesias en el minuto 72, un golpe que parecía inclinar el partido hacia los gallegos. Pero la Real, lejos de hundirse, respondió con carácter: Oyarzabal volvió a aparecer para firmar un segundo gol casi calcado al primero, un disparo raso y preciso que devolvió la ventaja a los locales.
El penalti final que sentenció la historia
Ya en el tiempo añadido, una contra terminó en penalti a favor de la Real. Brais Méndez asumió la responsabilidad y no falló, poniendo el 3‑1 definitivo y desatando la euforia en Anoeta.
Una victoria de carácter
La Real Sociedad no solo ganó: sobrevivió. Jugó 45 minutos en inferioridad, resistió el empuje del Celta y encontró en Oyarzabal la chispa necesaria para transformar un partido complicado en una victoria memorable. Un triunfo que, además, les permite escalar posiciones y seguir soñando con Europa.

