El FC Barcelona vuelve a sonreír. Fabrizio Romano lo ha confirmado y el barcelonismo se ha encendido de ilusión: João Cancelo regresa al Camp Nou. El portugués, que dejó una huella profunda en su primera etapa, vuelve decidido a recuperar protagonismo y a darle al equipo esa chispa competitiva que tanto se echaba de menos en la banda derecha.
Cancelo vuelve porque quiere volver. Porque lo pidió. Porque su deseo de vestir de blaugrana pesó más que cualquier otra propuesta. Y eso, en un club que vive de emociones, importa. Importa muchísimo.
La afición celebra, se ilusiona, se reengancha. El regreso de Cancelo es una de esas noticias que levantan el ánimo incluso en los días grises. El portugués aterriza con la misma energía de siempre, con la misma ambición, con la misma sensación de que su historia en Barcelona aún no estaba terminada.

El regreso más esperado… ¿o no?
Mientras el barcelonismo celebra la vuelta del lateral, surge un pensamiento inevitable, casi travieso, casi nostálgico: “Muy bonito lo de Cancelo… pero Iñigo, ¿y tú cuándo vuelves?”
Porque el Barça no olvida. Y menos aún a un jugador como Iñigo Martínez, que en su paso por el club dejó carácter, jerarquía y un compromiso silencioso que caló hondo. Su ausencia se nota más de lo que se dice. Su figura aparece en cada recuerdo de solidez defensiva, en cada partido donde falta ese central que imponía respeto solo con mirar al delantero rival.
Mientras Cancelo pisa de nuevo la Ciudad Condal, muchos culés no pueden evitar mirar de reojo hacia el horizonte, como esperando ver aparecer a Iñigo por la puerta del vestuario. No es una exigencia. No es una presión. Es un sentimiento. Una especie de cariño futbolístico que quedó suspendido en el aire.
Cancelo vuelve por convicción; Iñigo, por deseo de la afición
El regreso de Cancelo es una operación estratégica, clara y directa. El jugador quería volver, el Barça necesitaba reforzar la banda y la relación entre Mendes y Laporta ha sido clave para cerrar la operación.
Pero lo de Iñigo es distinto. Lo de Iñigo es emocional. Es ese tipo de vínculo que no se negocia, que no se firma, que simplemente se siente. El vasco dejó una huella que no se borra, y aunque su futuro no esté ligado al Barça ahora mismo, la afición no deja de lanzar ese mensaje entre líneas:
Cancelo ya está en casa. Iñigo, aquí se te sigue esperando.
